lunes, 17 de agosto de 2015

Cuento del ratoncito Pérez

¡Por fin se le cayó el diente a Inès! Llegó la hora de dormir, y como ella no puede conciliar el sueño si no le contamos una historia, busqué en internet un cuento acerca del ratoncito y la que más me gustó la encontré aquí. Te la comparto porque me pareció muy linda y apropiada:

"Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio. El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que necesitaban para comer.
Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era, trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vio un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros..., parecía que alguien se iba a instalar.
Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental.
A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José María. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeñita libreta de papel.
Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina... Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso.
Venían ratones de todas partes para que les arreglara los dientes. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos... Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca.
Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él.
Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio como el doctor José María le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada.
Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera más rápido otro diente, más fuerte y grande, como él, que estaba creciendo.
El doctor se lo quitó y se lo dio de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: 'Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente', pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar.
El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada.
Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrarlo, pero cuando lo hizo, le dejó al niño una moneda. A la mañana siguiente el niño vio el dinero y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio.
Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada, esperando a que el ratoncito Pérez venga y se los intercambie por una moneda."

Después leer este lindo cuento, colocamos el diente junto a una ratoncita de trapo abajo de la almohada...¡Qué nervios! Espero que el ratoncito nos visite y le deje una moneda a Inès....




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